Martes, 20 de Octubre de 2020
16 de Oct | 10:45:00 - JUDICIALES
EL PENALISTA DEL CONURBANO DA SUS OPINIONES

Si el abogado no puede tener ordenada su vida, en el ámbito de lo visible, en poco factible que pueda poner orden en un proceso judicial. Esta es mi opinión y así la dejo establecida. Seguramente que son muchos los lectores que criticarán esta visión. Pero la experiencia me dice que estoy en lo cierto, no por sabio (que no lo soy), sino por mero observador. Para llegar a adulto no es necesario hacer mucho esfuerzo, los años pasan solos, aunque nosotros nos opongamos.

No se trata de una simple apariencia, sino de una sana y necesaria formalidad. Es claro que el conocimiento no se encuentra albergado en la vestimenta, tampoco la honestidad y la decencia, pero hay formas que hay que cuidar, y con mucho aprecio.
Me refiero a un decoro atendible y pertinente. El cliente que abona el costo de una consulta jurídica no merece que el abogado lo atienda en camiseta musculosa, o mascando chicle.
De la misma manera sostengo que el abogado no merece que el cliente venga a su despacho en ojotas, o que permanezca con el gorro puesto durante la consulta. En mi despacho no es necesario cuidarse del sol.
Hago estas descripciones ya que soy un abogado penalista del área metropolitana, en especial del conurbano bonaerense. Mis clientes no son grandes entidades financieras, ni empresas petroleras (al menos por ahora).
Mis clientes son gente de a pie. Pero son las mismas personas que muchas veces traen a mi despacho casos donde se debaten penas de prisión perpetua, nada menos que eso.
Por ser un abogado penalista del conurbano, mi trabajo no es contemplado por directivos de grandes sociedades anónimas, pero sí por personas que buscan en mí el amparo de los jueces y de toda la administración de justicia.
El tiempo que transcurre en la entrevista entre el cliente y el abogado debe ser aprovechado, de la mejor manera posible. El tiempo es la intangibilidad más importante del ser humano.
Se dice que el tiempo es tirano, yo creo que tirano son los que nos imponen plazos.
En los juicios orales, una de las posturas más arbitrarias de los jueces es poner un límite en el tiempo para que el abogado formule su alegato.
Esto es un espanto para los abogados penalistas. Una situación muy incómoda para defender los derechos ciudadanos.
En el fuero penal es donde se advierte las miserias más notables; presos inocentes y culpables en libertad. Absurdas valoraciones jurídicas de las pruebas y manifiesto desconocimiento del Derecho, que lleva a sentencias escandalosas. Afortunadamente los tribunales de casación, en la mayoría de los casos, pones las cosas en su lugar.
Para los abogados penalistas, el desafío profesional por excelencia es el juicio oral. Allí se advierte a primera vista el calibre del abogado, sus conocimientos y sus falencias. No hay juicio que no deje ningún aprendizaje.
El cliente no debe preocuparse si, durante algún segmento del juicio, el abogado habla poco. Lo importante es que el abogado se mantenga atento y que no caiga en lagunas mentales que lo saquen del juicio.
Si el abogado sabe llevar el juicio, siempre podrá ejercer la defensa del cliente de manera adecuada. Nadie le quitará la palabra cuando le asista la razón.
Durante el juicio, el abogado debe ser amable y sincero. Debe obrar de buena fe. La amabilidad no es sinónimo de debilidad, sido de ejercer el derecho de defensa con caballerosidad, situación doblemente valorada por los buenos jueces. Hay abogados que son especialistas en generar odios en los juicios.
Nunca a través del odio se puede matar a la razón. Siempre es necesario dar lo que uno tiene de bueno, para recibir lo bueno que uno necesita.
Cuando el abogado es agresivo, y hasta pendenciero, y además no le asiste la razón en lo que dice, es un mal abogado, y además una mala persona. Si quiere comenzar con la alegría, pus comience ahora mismo, un hombre alegre es siempre amable. Pero tenga presente que los tiempos alegres son los que más rápido transcurren, por eso aprovéchelos.
Cuando el abogado actúa con decencia, aún cuando sus argumentos no son jurídicamente muy válidos, se convierte en un profesional que trabaja con decoro.
Los buenos jueces premian el decoro y la buena fe. Como todo en la vida, ¿vio?
Siempre la buena fe y la decencia deben prevalecer por sobre los conocimientos jurídicos del abogado. A los conocimientos jurídicos se los encuentra en cualquier biblioteca.
En un cierto sentido, el mundo nos miente de manera constante. Nos muestra que admira el dinero, dice que adora la fama y la celebridad. Pero la verdad esto no es así.
El mundo admira y desea aferrarse a la bondad para no perderla. Admira la virtud. Al final rinde su tributo más importante a la generosidad, la honestidad, los principios, los valores y la misericordia, y por último los talentos bien empleados.

Hugo LOPEZ CARRIBERO
Abogado
El Penalista del Conurbano


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