Miercoles, 23 de Septiempbre de 2020
15 de Sep | 21:45:00 - POLITICA
La Morsa era de la DEA: ¿quién es Julio César Pose?

Por Sebastián D. Penelli

spenelli@ambito.com.ar



El ex espía inorgánico de la SIDE era informante de la Agencia Antidrogas. Usaba otros 4 nombres falsos, tuvo una docena de causas penales y un pedido captura de Interpol. La historia completa de lo que ocurrió en la Flor de ATC en diciembre de 2003.


Julio César Pose, verdaderamente La Morsa, era informate de la DEA. El ex espía inorgánico de la SIDE y asiduo colaborador de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos que ahora saltó a la fama es un viejo conocido de los denominados “sótanos de la democracia”.

Como todo agente secreto, tiene varios nombres: Julio Posse, José Posada, el Gitano Julio, Juan Papaleo. Admirado por colegas, consultado por periodistas, necesitado por abogados y temido por los políticos, Pose carga con un frondoso historial de participación en casos policiales de relevancia nacional.

La foja judicial de Pose -a la que accedió Ámbito- lo involucra en una docena de causas por delitos de acción pública, infracción a la Ley 23.737 (narcotráfico), infracción al artículo 302 del Código Penal (dar cheques sin fondos), estafa, contrabando, encubrimiento de contrabando, retención indebida.

Interpol Perú emitió en 2003 una orden de captura internacional en su contra y al año siguiente la publicó Interpol Buenos Aires. Pero gracias a los nexos de Pose con importantes estructuras del poder de ese momento, quedó desactivado.

A La Morsa verdadera se le atribuyen increíbles hazañas policíaco-delictivas: lo vinculan a la detención en México y la posterior extradición de Enrique Gorriarán Merlo; fue mano derecha de “Mameluco” Villalba en San Martín; estuvo al detalle de lo ocurrido en la quinta de Ingeniero Maschwitz, donde se encontró un megalaboratorio de metanfetamina; fue pieza clave en el desenlace del Triple Crimen de General Rodríguez (fuentes reservadas mencionaron un serio conflicto con Sebastián Forza y una incomprobable “devolución” de gentilezas); lo ubican en la historia del shopping Unicenter y los homicidios de los colombianos; orientó el operativo que descubrió un cargamento de droga escondido en los paneles del primer piso desmontable del Estadio Único de La Plata, y la lista sigue.

Los que conocen sus andanzas miran las recientes imágenes del juicio por tráfico de drogas que en estos días se lleva en su contra y recuerdan el aro de platino de la oreja izquierda, el tatuaje que parece una firma en su mano derecha y la silueta que asoma del hombro izquierdo con el chico de gorrita. “Pose es un narco-informante, dicen que no podés hacer dos negocios con él, el primero bien y el segundo te entrega”, dijo a este cronista un hombre que lo conoce en profundidad.

Aquí, se publica por primera vez, la historia completa referida a la causa a 19.862/03, sobre lo ocurrido en la Flor de ATC y el documento que comprueba que La Morsa era de la DEA:


“El objetivo del operativo era meter los 50 kilos de coca en el Congreso”. Eso fue lo que dijo el ex militar Carlos Alberto Cogno al juez federal Claudio Bonadio cuando tuvo que explicar qué hacía el mediodía del 31 de diciembre de 2003 en la “flor de ATC” junto a Julio César Pose, Freddy Marcelo Ríos y Virginio Raúl Valdez con una mochila con 38 kilos de cocaína de máxima pureza en el baúl de un Ford Escort modelo 95.

“Lo de (Sebastián) Forza está calcado de la causa 19.862/03, buscala, lee las declaraciones y fijate quién es Pose, mirá cómo se manejan estos tipos y ahí te vas a dar cuenta por dónde viene la mano”, advirtió a este cronista un viejo compañero de andanzas de Pose, el informante de la DEA y testigo clave del triple crimen de General Rodríguez.

Unos meses antes de la redada en la avenida Figueroa Alcorta y Tagle, donde cayeron presos Cogno, Ríos y Valdez, Pose había viajado a Salta para contactarlos. Prometió 3.000 dólares a cada uno y empezar a trabajar para la DEA. Aceptaron porque “no tenían un mago”. El operativo parecía sencillo: conseguir a dos salteños (Ríos y Valdez) con antecedentes en drogas, traer la droga en auto a Buenos Aires, ingresar al estacionamiento del Congreso Nacional y dejar el cargamento ahí. La DEA se iba a ocupar de avisar a Gendarmería para que decomise el Escort y así armar una “movida para desestabilizar” al gobierno de Néstor Kirchner, a siete meses de la asunción.

De las declaraciones testimoniales de Cogno, Ríos y Valdez se desprende toda la historia, pero a Bonadio no le llamó la atención. Como manotazo de ahogado, Cogno envió más de 300 cartas de legisladores nacionales y provinciales, puso en conocimiento de su versión a la Oficina Anticorrupción y a ex funcionarios nacionales. “No quieren investigar el accionar al margen de la ley del ex juez federal Juan Carlos Legascue quien ideó la operación, y al agente de la SIDE Ramón Ceferino Mendoza”, sostuvo Cogno en el pedido de juicio político a Bonadio, desestimado por el Consejo de la Magistratura en la resolución 325 del 13 de julio de 2006.

Del expediente surge que Ríos y Valdez tuvieron que arreglar en Salta el Escort (propiedad de Valdez) porque estaba destruido y así no podían hacer 1.700 kilómetros hasta la Capital Federal: le faltaba el vidrio trasero, la luneta, no tenía faroles y el tren delantero tambaleaba por un choque. Pose les dejó la guita y se volvió para ultimar los detalles del operativo. Legascue y Mendoza, quienes conocían a Cogno ocho años atrás monitoreaban todo desde Paraná, Entre Ríos.

Según relató Cogno en su tercera ampliación declaratoria ante Bonadío del primero de junio de 2004 que aparece en las fojas 117 y 118 de la causa, detrás del operativo estaba la DEA.

Legascue, inorgánico de la SIDE, lideraba el grupo; Mendoza, fuente “de la disuelta Dirección de Contraterrorismo y Contraproliferación” que fue desafectado a principios de 2002 de la SIDE, y Cogno, ex militar, chofer de Legascue y vecino de Mendoza, eran sus alfiles de más confianza; Pose era brazo ejecutor de las maniobras, un experto infiltrado en negocios con “narcos” y recolector de buchones en la zona norte del conurbano bonaerense. Su viejo amigo lo pinta completo: “No se puede hacer dos negocios con Pose, el primero bien, el segundo te entrega a la DEA o algún cartel”.

Pero Pose no trabajaba solo. “El equipo era Pose, Guillermo Arturo González y Abraham ‘Tito’ Tenembuan. Cada uno hace su rol, uno de bueno, el otro hace de malo, y ‘Tito’, el menos operativo, hace de salvador. El que cae en las manos de ellos no se da cuenta que son un equipo, y según las características de la operación, van apareciendo en escena, pero nunca aparecen todos juntos”.

González es comisario inspector retirado de la policía bonaerense y fue director general de Investigaciones Complejas y Narcocriminalidad. Tenembaun se agarraba a piñas con Martín Karadajian en el cuadrilátero de Titanes en el Ring.

El operativo marchaba como lo planeado. Ríos y Valdez arreglaron el Escort 95, recibieron los casi 50 kilos de cocaína cerca de la frontera con Bolivia y emprendieron la travesía. “Manejaron casi 2.000 kilómetros con un coche echo mierda y no los detuvo ningún control policial”, contó un abogado que trabajó en la causa. “Si la idea era decomisar la cocaína, ¿Por qué Pose no los vendió el día que salieron de Salta, en el trayecto hay decenas de juzgados federales que podían haberlos esperado con Gendarmería en el camino? Evidentemente tuvieron vía libre para llegar a Buenos Aires”, dedujo.

Veinticuatro horas antes de iniciar el plan, Pose sentó a Cogno, Ríos y Valdez en una mesa del shopping Unicenter. “Era la tercera vez que Pose y Cogno se juntaban cara a cara, las anteriores fueron en un club de Liniers y en un bar muy frecuentado por los ‘servis’, de la avenida Cabildo, frente a los cines Atlas. Tiene un ventanal enorme a la calle. Ahí te filman y graban para tener material para inculpar si algo sale mal”, reveló el ex compañero del testigo de identidad reservada en la investigación sobre “la ruta de la efedrina” que llevó a delante el juez federal Federico Faggionatto Márquez desde Campana.

En la reunión Pose explicó que Ríos y Valdez deberían ingresar a la mañana siguiente -bien temprano- al estacionamiento del Congreso con tarjetas magnéticas y les dio dinero para que se compraran trajes. Pero algo salió mal y las tarjetas nunca aparecieron. En su declaración ante Bonadio, Pose confirma que la droga estaba en el auto: “Había tanto olor que te volteaba”.

La mañana del 31 de diciembre se reunieron los cuatro en el bar de Cabildo. “Por todos los medios Pose intentó convencerlos de que vayan al Congreso igual, que no se podían cagar en este momento”, dijo Cogno. Pero el auto estaba a nombre de Valdez, y “ni en pedo quería quedar pegado”.

Pose se comunicó con Legascue y Mendoza y cambió el rumbo del operativo. Salieron del café, Pose y Cogno se subieron a un taxi que los estaba esperando en la puerta y Ríos y Valdez los siguieron en el Escort con la droga en el baúl. Dieron vueltas durante una hora. Pose hablaba por teléfono pidiendo “zona” para bajar el cargamento. Estacionaron en la plaza de la flor de ATC, detrás de una combi blanca con cortinas en sus ventanas. La calma que se siente al caminar por los alrededores boscosos del canal estatal contrarrestaba con la impaciencia de Cogno. Sabía que algo andaba mal. “Apenas puse un pie en el piso, una docena de gendarmes se me tiraron encima al grito de ‘quién es Carlos Cogno, quién es Carlos Cogno, carajo’”.

Inmediatamente arrestaron a los tres. Pose se fue al “trotecito”. Cogno asegura haberlo visto subirse a un BMW negro.

Tiempo más tarde Tenembaun confesó a Bonadío que se trataba del auto oficial del ex embajador de Estados Unidos en la Argentina, Lino Gutiérrez. Esa noche Pose, su contacto con la DEA, el agente Arthur Staples y el resto del team de Anthony Greco Jr. celebraron el fin del fallido operativo con champagne en la embajada.

En el texto original del pedido de jury a Bonadio se explica cómo procedió el juez federal.

El 16 de enero de 2004 resolvió “la situación procesal de los imputados Valdez, Ríos y Cogno, decretando el procesamiento con prisión preventiva de los mismos bajo la tipificación de transporte de material estupefaciente (art. 5, inciso C “in fine” de la ley 23.737). Luego esa tipificación fue modificada por el magistrado, a la del delito de tenencia con fines de comercialización y con el agravante contemplado en el art. 11 inc. c de la ley 23.737 que contempla la conformación de una organización de tres o más personas para cometer los delitos previstos en los arts. 5 y 6 de la citada ley”.

Bonadio pidió a Cancillería el listado de agentes de la DEA con permiso para operar en el país. Intentó citar a declarar a dos ellos, Staples y Thomas Keith Solís, porque consideraba que estaban al tanto del plan para desprestigiar el Congreso y reclamó ayuda a la Cancillería.

El mismo día del procesamiento de Cogno, Ríos y Valdez, la oficina de asuntos jurídicos del Ministerio de Relaciones Exteriores intermedió con un pedido formal, pero la embajada se negó y esgrimió “inmunidad diplomática” para los dos agentes. Cancillería presentó un escrito de queja, y Bonadio se resignó.

Actualización del texto (N.del R.):

Años más tarde, Bonadio le dictó a Pose la falta de mérito, que luego revirtió la Cámara Federal. Ahora, los jueces Ricardo Basílico, José Michilini y Adrián Grünberg del Tribunal Oral Federal N° 1 se ocupan de juzgar los delitos narrados y Pose está acusado de transporte de estupefacientes. El fiscal del juicio Marcelo Colombo pidió cuatro años de cárcel para el informante de la DEA y la absolución de Mendoza, quien debe declarar la próxima semana y se espera un revelador testimonio. Tarde o temprano, la verdad siempre florece.


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