Sábado, 30 de Mayo de 2020
03 de Abr | 10:56:00 - POLITICA
SEXO, SANGRE y SUSPENSO...

Recuerdo en una oportunidad, haber defendido a un muchacho de clase media, casi alta, que se encontraba detenido en la comisaría de Gregorio de Laferrere, por el delito de lesiones graves. Concretamente, unos días atrás, había apuñalado, en varias partes del cuerpo, al ex marido de su actual pareja. La riña se había generado por problemas de celos. En un primer momento, el juez había rechazado la excarcelación del imputado, pero luego la Cámara de Apelaciones, ordenó la inmediata libertad de Ramiro Miño.

Los padres del muchacho constituían una pareja de pujantes emprendedores del Partido de La Matanza, en el sentido de tener varios comercios, tales como supermercados de barrio, y una cadena de carnicerías, con una facturación importante diaria. En resumidas cuentas, estaban en muy buenas condiciones económicas.

La problemática de desató cuando los demás detenidos de la comisaría tomaron conocimiento de la actividad que desarrollaban los padres de mi defendido, y de su solvencia económica.

Desde ese mismo instante comenzaron a amenazar al detenido y a su familia, extorsionándolos y exigiendo que los padres les llevaran, a la comisaría, cantidades enormes de alimentos, así como también sabanas, jabones, desodorantes, cigarrillos, etc. Todo esto a cambio de no lastimar al detenido Ramiro.

Es decir que la exigencia de la extorsión se resumía en no hacerle nada malo, a cambio de que los padres mantuvieran a todo el calabozo muy bien alimentado.

En un primer momento, los presos intimidaron a Miño, de tal manera que cada vez que la madre le llevaba la comida, él le pedía mercadería en forma abundante, y veinte cartones de cigarrillos diarios. La madre no entendía la razón, hasta que un bien día, para despejar dudas, la concubina de otro detenido se hizo presente en la casa de la familia Miño, a poner las cosas bien en claro. Así se refirió: "Mi esposo esta detenido en la comisaría junto con su hijo, si usted no lleva todo lo que su hijo le pide, puede ser que no lo vea más con vida. Sabemos que usted puede, para eso tiene mucha plata."

A los pocos días el joven Ramiro Miño, recuperó la libertad, recién entonces, la madre se animó a contarme lo que había estado pasando. Me dijo que no me lo había manifestado antes por miedo a la vida de su hijo, pues aquella mujer también le hizo saber que nadie, en especial el abogado que lo entrevistaba semanalmente, debía enterarse de la exigencia.

La historia siguió con 11 robos a mano armada en los distintos locales comerciales de la familia Miño, en las localidades de Gregorio de Laferrere, González Catán, Rafael Castillo, Isidro Casanova y San Justo. Hasta terminar con un trágico desenlace, pues a dos meses de haber recuperado la libertad, Ramiro Miño fue secuestrado en la puerta de su casa, la familia no llegó a reunir la suma de dinero astronómica que los secuestradores exigían para la liberación, y dieron aviso a la policía.

A los pocos días el joven apareció muerto con un disparo en al nuca, en un descampado de Villa Tesei, en el Partido de Hurlinghan, a pocos metros de la Av. Vergara.

La investigación policial y judicial llevó a la detención de dos personas, los autores del crimen, hermanos entre sí, de apellido Soria.

Ellos, los Soria, tenían un primo que había estado detenido en la comisaría de Gregorio de Laferrere, con el joven Miño.

A través del libro de visitas de los detenidos se pudo constatar que los hermanos Soria habían visitado en tres oportunidades a su primo, cuando Miño compartía el mismo calabozo.

Luego de la detención de los hermanos Soria, la madre de Ramiro, reconoció a los dos hermanos como aquellas personas que días antes del secuestro de su hijo habían estado merodeando en los alrededores de su casa.

Los Soria fueron juzgados y condenados, en juicio oral, a prisión perpetua, por el delito de secuestro extorsivo seguido de muerte. Hoy cumplen su condena, uno en la unidad carcelaria de Lisandro Olmos, y el otro en Sierra Chica.

Su primo recuperó la libertad, y a las pocas semanas murió en un confuso episodio, cuando su concubina, la que había ido a la casa de los Miño a hablar con la madre de mi defendido, aprovecho la circunstancia de que estaba dormido, para rociarlo con nafta y prenderlo fuego, en una villa de emergencia de San Martín, ubicada en la intersección de la ruta 8 y la Av. Márquez.

Durante muchos días, se registraron en la casa de la familia Miño, un sin número de llamados telefónicos anónimos, a través de los cuales se pretendía resposabilizar a la familia Miño, por la "desgracia de los Soria", y se les exigía la entrega de una importante suma de dinero, en dólares, a cambio de no secuestrar a otro de los hijos.

La familia Miño terminó abandonando, su casa, y todos sus comercios, y se fueron del país.

Lopez Carribero
El Penalista del Conurbano


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