Lunes, 18 de Noviembre de 2019
04 de Nov | 00:02:00 - POLITICA
"Rusia no es la panacea, es una oportunidad"

Periodista. Lic. en Relaciones Económicas Internacionales por la Universidad Patrice Lumumba, de Moscú. HERNANDO KLEIMANS





Hay una agenda pendiente con Rusia, es la conclusión del contenido preparado por Hernando Kleimans, el argentino que más conoce sobre Moscú, Vladímir Putin y esos temas que resultan tan lejanos para muchos argentinos. La diplomacia profesional argentina ha resultado un desastre en lo que se refiere a obtener logros comerciales en el intercambio bilateral. Ni siquiera tiene una agenda. El poder político mucho menos: Federico Sturzenegger tuvo sobre su escritorio en el BCRA una documentación para establecer un intercambio compensatorio de líneas de crédito que nunca implementó, en una demostración extraordinaria de ineficiencia. Hay muchos otros ejemplos, y también posibilidades:


El 29 de diciembre de 1927 la agencia oficial soviética TASS informaba desde Nueva York que el presidente de la Argentina, Marcelo Torcuato de Alvear, había aprobado la creación de la sociedad anónima “Yuzhamtorg”, propiedad de la Unión Soviética, con un capital de 1.500.000 pesos (unos 650.000 dólares). Era la culminación lógica de un comercio que había comenzado esporádicamente en la década del '20, luego de la revolución soviética en 1917 y tras la finalización de la cruenta guerra civil y la retirada de las tropas extranjeras en Rusia hacia 1922.

En realidad, las relaciones se establecieron en 1885 y la Argentina fue uno de los primeros países latinoamericanos en hacerlo. De esa forma, el primer representante del Imperio Ruso en nuestras tierras, Alexandr Iónin, proponía pasar de una confrontación entre ambos países en el mercado mundial de cereales, a una cooperación y división de oportunidades. Hasta bien entrado el siglo XX, la Feria de Nízhni Nóvgorod, sobre el Volga medio, era la que fijaba los precios mundiales del trigo…

Borís Israélevich Kraevskiy, ex combatiente “rojo” en la guerra civil, fue designado por el poderoso Buró Político del Partido Comunista soviético representante comercial y titular de “Yuzhamtorg”.




El Politburó había resuelto incrementar las relaciones económicas con los países latinoamericanos y resolvió que el papel principal en esto le correspondería a la Argentina, Uruguay, México, Chile y Brasil.

“Yuzhamtorg”, en particular, era el medio elegido, en tanto sociedad comercial, a través del cual el Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior de la URSS concertaba operaciones con los gobiernos latinoamericanos.

La empresa concentró importantes operaciones de importación de combustibles y aceites y de exportación de cereales, cueros y carnes.

En 1931 la dictadura militar de José Félix Uriburu clausuró “Yuzhamtorg” y a partir de allí y hasta el primer gobierno de Juan Perón, los negocios se realizaron a través de terceros países pero en forma muy limitada.

En 1946, uno de los primeros actos internacionales del Presidente Perón fue el establecimiento de las relaciones diplomáticas con la URSS. Esto implicó la apertura de Representaciones Comerciales en Moscú y en Buenos Aires, que otorgaron a las operaciones económicas y comerciales un sólido basamento para su desarrollo.

Al principio de la década del '50 las crecientes dificultades argentinas para colocar su producción agropecuaria en el mercado internacional impulsó ese desarrollo. La Argentina de Perón fue el 1er. país latinoamericano en firmar con la URSS en 1953 un convenio comercial y de pagos que contenía un listado de mercancías para intercambio compensado y la determinación del régimen de país más favorecido.

La Unión Soviética suministraba, por este convenio, carbón y petróleo, así como equipamiento para la industria del petróleo, la energía eléctrica, equipos ferroviarios, tractores y maquinarias agrícolas, rieles, calderas, equipos medicinales, etc.

Argentina, por su parte, además del aceite de linaza y la lana, proveía cueros, extracto de quebracho y carnes, entre otros. La delegación técnica argentina que visitó la URSS en 1954 para estudiar la adquisición de equipos señaló, en el informe que se publicó a su regreso, la “gran impresión recibida del desarrollo y estado de la industria soviética”.

Este listado, por su singularidad, era una de las características fundamentales del convenio. Lo mismo ocurría con la línea de crédito que permitía este intercambio. Ello constituyó un nuevo hito en el desarrollo de las relaciones económicas de la URSS con los países capitalistas y recibió opiniones muy positivas en los países en desarrollo.

En la base de este acercamiento en la cooperación comercial, económica y tecnológica, se encuentra la concordancia de intereses estratégicos de ambos países. En este sentido es harto elocuente la relación personal establecida entre Iósif Stalin y el entonces embajador argentino en la URSS, Leopoldo Bravo.

En rigor de verdad, esta relación se volcó en un contacto directo entre Stalin y Perón, en el que “Polo” Bravo jugaba el papel de intermediario. Uno de los hechos más relevantes de esta relación “indirecta” fue la actuación del entonces canciller argentino Juan Atilio Bramuglia, en el Consejo de Seguridad de la ONU, al que presidió durante la primera gran crisis internacional de postguerra, en Berlín 1949, que estuvo a punto de convertirse en una nueva y atómica conflagración mundial.

No sólo promovió la consideración de las propuestas soviéticas sobre jurisdicciones en la capital de una Alemania partida en cuatro zonas de ocupación, sino que, pese a la oposición de George Marshall, a la sazón secretario de Estado de USA, logró la conformación de un Comité Cuatripartito que finalmente resolvió en paz el enfrentamiento.

Nunca salió a la luz este episodio fundamental de la diplomacia argentina, pero la evidencia más clara de ello está en Serebrianni Bor, un barrio residencial moscovita, donde se encuentra la hermosa “dacha” (casa de campo) que Stalin le regaló a la Argentina en 1953.

Luego de una de sus charlas con “Polo” Bravo, en la que nuevamente expresaba su interés en conocer cómo había sido la trayectoria de Eva Perón, a la que indudablemente admiraba. Hoy esa “dacha” sigue siendo residencia de la Embajada Argentina en Rusia…

En ese período, el giro comercial se incrementó en seis veces. Entre otros productos, la URSS adquirió el 26% de la exportación argentina de aceite de linaza, el 20% de la de lana y el 17% de cuero. En reciprocidad, colocó maquinarias para la industria hidrocarburífera, equipos y materiales para la metalurgia, vehículos pesados y combustible, entre otros.

En 1955, poco antes del golpe de septiembre, en Retiro se inauguró la 1ra. exposición soviética en América del Sur. Por primera vez, se mostraban equipos y maquinarias de la URSS en nuestro subcontinente.

Perón, además de visitar la exposición, logró allí el primer afiliado peronista de Rusia… Serguéi Mámontov (luego un gran romanista y traductor del “Martín Fierro” al ruso) fue su traductor durante la recorrida. Perón trabó relación con él y lo invitó a una de las concentraciones populares en Plaza de Mayo… Al impresionado joven que por primera vez veía una multitud vivando espontáneamente a su líder, éste le hizo un regalo: su retrato montado en “Pintado”, su caballo, con la inscripción “al primer peronista ruso, de Juan Perón”…

El golpe militar de septiembre del '55 clausuró el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) y, como consecuencia de ello, estos convenios basados en el intercambio compensado fueron interrumpidos.


En 1958, durante el gobierno de Arturo Frondizi, la misión encabezada por José Liceaga concluyó importantes convenios con la Unión Soviética. Se estableció una primera línea de crédito a la Argentina por US$ 100 millones, lo que permitió adquirir equipamiento para la extracción y refinado del petróleo. El crédito se pagaría en 7 años con productos de la exportación argentina. El golpe militar de turno volvió a cortar esta integración económica y comercial entre los dos países.

A partir de 1962, a raíz de la creación en la URSS de la Universidad de la Amistad de los Pueblos “Patricio Lumumba” donde miles de jóvenes de Asia, África y América Latina recibieron educación superior (muy severa por cierto), más de 200 becarios argentinos de esa universidad o de otros establecimientos como la Universidad Estatal de Moscú, la de Leningrado, o institutos como el Tecnológico Bauman, el de economía “Plejánov” o el de ingenieros de Járkov, se convirtieron en ingenieros, médicos, físicos, agrónomos, historiadores o economistas.

Un enorme capital científico que, como corresponde, no fue aprovechado en absoluto por la Argentina. Hoy, los institutos superiores rusos disponen de un cupo de 50 becas anuales para los argentinos, a las que se agregan otras 10 de la actual Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Sin usar…

A principios de 1974, a los pocos meses de haber asumido por 3ra. vez la presidencia, Perón envió a Moscú a su ministro de Economía, José Ber Gelbard. Ha sido una constante de los gobiernos peronistas enderezar el rumbo hacia las relaciones con la URSS y luego con Rusia.

La premisa fundamental que condicionó este rumbo, sin duda, ha sido el reconocimiento por ambas partes de la independencia económica y la soberanía política. Gelbard volvió de su exitosa visita con convenios contundentes. Además de establecer una cuenta compensatoria por US$ 100 millones, se creó la Comisión Intergubernamental que define los objetivos de la cooperación económica, comercial, científica y tecnológica (en la jerga, “Comisión Mixta”). Una vez más, se reconstruían así los parámetros principales de la relación entre ambos países.

Esto permitió que, inclusive durante la sangrienta dictadura militar, la Argentina continuara exportando a Rusia millones de toneladas de granos por año, facilitado por la no adhesión de nuestro país al bloqueo impuesto por USA contra la URSS por la participación de fuerzas armadas soviéticas en la guerra civil afgana.

Durante el gobierno del presidente Raúl Alfonsín, a raíz de la intensa actividad internacional desplegada por éste en procura del desarme mundial (el famoso “Grupo de los Seis” integrado por la Argentina, México, Tanzania, la India, Suecia y Grecia), se produjo la primera visita oficial de un presidente argentino a la Unión Soviética. El presidente soviético Mijaíl Gorbachov, durante una charla en privado, advirtió que Rusia no seguiría comprando permanentemente cereal a la Argentina y propuso buscar nuevas vías de desarrollo e intercambio en las relaciones económicas.

El giro comercial de la década del '80 había alcanzado su pico máximo histórico, con casi US$ 5.000 millones. A partir de allí, comenzó una abrupta caída que, para el 1er. semestre de 2019, según datos del Servicio Federal de Aduanas de Rusia, apenas supera los US$ 600 millones.

Todos los gobiernos democráticos que siguieron a partir de 1983, no han logrado restablecer una base sólida de relacionamiento económico y comercial con Rusia. Pese a la enorme cantidad de convenios y tratados firmados, no logramos salir del pozo en el que se encuentran los negocios bilaterales. Hemos llegado a firmar, en septiembre de 2009, el documento sobre “Instrumentación del Plan de Acción de la Cooperación Estratégica”, en cumplimiento de la "Declaración Conjunta de la República Argentina y la Federación de Rusia sobre el establecimiento de relaciones de asociación estratégica", suscripta en diciembre de 2008 por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su entonces colega ruso Dimitri Medviédev.

De la larga, enorme lista de direcciones de trabajo, ninguna ha tenido un átimo de concreción. Consultas e intercambio de opiniones. Eso fue todo. Mucho ruido y pocas nueces, tal como decía mi abuela.

Sin embargo, en el momento actual la interacción con Rusia en instancias fundamentales de la política internacional es, efectivamente, de una importancia estratégica para nuestro país.

Desde la reforma a estructuras obsoletas de la ONU, que desde más de 70 años no han sufrido cambio alguno, hasta el status del Atlántico Sur, Malvinas e islas adyacentes. Desde la preservación de recursos naturales no renovables como los acuíferos de ambos países, hasta el manejo del espacio radioeléctrico, el cosmos y los sistemas mundiales de comunicación.

La designación del nuevo embajador ruso en la Argentina, Dmitrii Feoktistov, también está vinculada con la lucha en común contra el narcotráfico y el terrorismo internacional. En esos campos es donde ha descollado la actividad del diplomático, tanto en su país como en la ONU. Es destacable la importancia estratégica que Moscú le asigna a estos temas en todo el mundo. Para la Argentina, es un frente donde la cooperación internacional adquiere un carácter fundamental.

En la actual coyuntura política internacional, todos estos temas han dejado de ser meros episodios históricos o regionales, para convertirse en factores motores del desarrollo social. Se entrelazan e incluso tienen su razón de ser, su alimento, con la base económica internacional, donde el dominio de los grandes grupos económico-financieros ha convertido la vida internacional en un agitado y crítico combate de intereses y dominaciones. De caídas y predominios.

Hoy el precio del petróleo se fija, antes que nada, por la realidad política internacional. Un bombazo en Arabia Saudita hace subir la cotización del crudo en varios puntos y, con ellos, tambalean muchas economías. Y a la inversa, la estrategia de estos grandes grupos ciertas veces tiene concomitancia con la estabilidad política de muchos países. Sanciones y condenas mediante, esos grupos buscan con frecuencia imponer sus intereses por encima de los intereses nacionales.

La furibunda oposición de Washington a la construcción del gran gasoducto “Nord Stream-2” por el fondo del Mar Báltico no obedece, como pretextan, a “defender la independencia europea de la intromisión rusa”, sino a imponer al Viejo Continente la provisión más cara y menos eficiente del GNL estadounidense.

Ante estas realidades, el propio desarrollo de la economía mundial, el funcionamiento de las economías de los países emergentes, la modificación de los objetivos fundamentales de estos países, ahora centrados en sí mismos, han hecho que surjan tendencias multipolares que poco a poco se convierten en factores decisivos del orden mundial. Del nuevo orden mundial. Los BRICS, el devaluado MERCOSUR, la Organización de Cooperación de Shanghai, la Unión Africana, la Asociación Sudasiática para la Cooperación Regional y otros organismos multiregionales marcan nuevos rumbos y nuevas líneas de desarrollo.

¿Dónde estamos nosotros?

Sin duda, la cooperación económico-comercial adquiere una trascendencia absoluta en el marco de la actual crisis argentina. Pero si no la instrumentamos desde el correcto enfoque político, desde el análisis objetivo de la realidad política internacional, es decir dentro de este nuevo esquema de multipolaridad, seguiremos corriendo el riesgo de siempre, de toda la historia: desconexión, improvisación, espontaneidad. Y subyugación ante aquellos grupos económico-financieros internacionales.

Rusia, obviamente, no es la panacea para todos nuestros males. Junto con China no son los Reyes Magos. Tampoco uno u otro vienen a derramar la famosa “lluvia de inversiones”. Porque también ellos afrontan, pese a sus escalas, puntos críticos en su gestión. No vendrán a soplarnos las narices de nuestra crisis. En el caso de Rusia, que es mi tema, tampoco se ocupará de quitarle el mercado a las empresas locales.

¿Qué podemos esperar de Rusia, entonces?

Antes que nada, la Argentina tiene que tornar coherente y sostenida su gestión tanto diplomática como política y económica. Seguimos todavía “pasando la posta” de un desconocido a otro. Es ya canónico esperar que un nuevo plantel diplomático argentino en Rusia deba pasar por un período inicial de “maduración” antes de comenzar a posicionarse en el terreno. ¿Cuánto funcionario de la Embajada Argentina en Rusia habla el ruso? A la recíproca, todos los diplomáticos rusos en la Argentina hablan español…

La relación tiene que ser constante: eso implica un programa de acción y de trabajo que responda a necesidades objetivas y por lo tanto a largo plazo de ambas partes.

Un primer ejemplo: Rusia acaba de dar vuelta la página del rechazo a los transgénicos. La dura resistencia a los OGM ahora se convirtió en un programa de tecnología genética que deberá permitir mayor provisión de alimentos en especial para la ganadería y mejor adaptación de los cultivos a la naturaleza rusa. Subrayo: Rusia es hoy la principal exportadora mundial de carne aviar y de cereales, así como una de las primeras en porcinos y en algunas legumbres.

Rusia y China aprobaron un programa de desarrollo de la soja en el Lejano Oriente ruso, que llevará en una primera instancia la cosecha a unos 8 millones de toneladas de porotos. Ya funcionan en la frontera común plantas de aceite de soja por centenares de miles de toneladas. ¿No vamos a pensar en alternativas para cuando los chinos comiencen a transitar el nuevo puente sobre el Amur para llevarse cosechas enteras de soja de territorios vecinos?

¿Seguiremos pensando en exportar carne, cereales y aceite comestible a países que se han convertido ellos en principales exportadores mundiales?

Mientras la realidad acuciante pide que nos dediquemos a transferencias tecnológicas, a biotecnología, a diseños de siembra directa, a nuevas tecnologías alimenticias, que son nuestro fuerte, nosotros seguimos demorando la aprobación de un protocolo sanitario que permite la exportación de embriones a Rusia, tan necesarios para mejorarles sus Angus, que todavía siguen siendo no demasiado formados…

La historia de nuestras relaciones, cuyo relato corté para no hacer esto demasiado pesado, demuestra una tendencia admirable: la vigencia de sistemas de intercambio compensado. La definición de mecanismos interbancarios que en su momento permitieron trabajar incluso con divisas nacionales.

En 1996, el entonces titular del Banco Central, Roque Fernández, y su colega del BC ruso, Tatiana Paramónova, firmaron un excelente convenio en este sentido. Nunca fue ejecutado. En algún cajón vaya a saber de qué dependencia estatal debe estar el “Acuerdo de Cooperación Interinstitucional” firmado en noviembre de 2012 entre el BICE y el Roseximbank de Rusia.

Para esa misma época, el grupo de Technostroiimport, sociedad del estado ruso, realizó un exhaustivo relevamiento de la Cuenca del Salado, invirtiendo algunos centenares de miles de dólares para definir un proyecto revolucionario que no sólo resolvía el problema de las inundaciones, sino también el de las sequías y entregaba nuevas hectáreas para la producción agropecuaria. El pago se hacía con mercancías de la provincia en una proporción de uno por tres. Es decir que por cada dólar que ponía la provincia, Rusia compraba por tres… El proyecto fue presentado ante quienes correspondía en La Plata. Como dice Hamlet: “el silencio ulterior”…

La Argentina ha recibido propuestas excelentes de la parte rusa con esa misma tonalidad:

** Chihuido, la central que verdaderamente necesita Neuquén y buena parte del norte patagónico;

** el puerto de Ramallo o Timbúes, estratégico para todo el comercio exterior de la zona núcleo, Paraguay y el sur del Brasil;

** la renovación ferroviaria con producción industrial de material rodante y de tracción, radicada en base argentina;

** la nueva central atómica con tecnología de punta;

** la integración productiva de vehículos medianos de carga;

** la provisión de equipos para la industria hidrocarburífera;

para no mencionar más que algunos ejemplos ya presentados.

A nuestra vez, Rusia solicita transferencias de nuestra biotecnología, tanto animal como humana; el desarrollo de nuevos modelos agropecuarios como la siembra directa; tecnologías para la industria frigorífica; integración en producciones conjuntas de hightech como la espacial, la de comunicaciones o la de comercio online, donde la Argentina tiene ventajas comparativas sobre otras.

Ninguno de estos temas implica operaciones con materias primas… En todos hay valor agregado…

Para estos proyectos, mejor dicho estas propuestas ya presentadas, Rusia tiene la correspondiente financiación. Es más, en algunos de estos proyectos (no son todos, hay más) Rusia puede integrarse con China en un equipo común con la contraparte argentina. Esto incluye, obviamente, la integración bancaria. Debo recordar que hasta inicios de la década del 90, en la Argentina funcionaba una representación del Banco de Desarrollo Económico, el famoso VEB que aparece en todos los proyectos de financiación. Nada impide un cruce de representaciones bancarias entre nuestros países.

Esta sucinta relación de posibilidades es la base económica sobre la que debió, debe, deberá, debiera sustentarse nuestro vínculo operativo con Rusia. No se trata de personas, de nombres. Se trata de un programa. Ni tampoco de un programa unilateral. Hay que conformarlo en acuerdo con la contraparte.

Para ello existen los mecanismos correspondientes, por ejemplo la Comisión Mixta. Con una secretaría binacional disuelta porque nunca la Argentina la integró. Esa Comisión tiene que funcionar. Tiene que ser federal, llevar sus deliberaciones a las provincias, a las regiones. Deben terminarse esas somnolientas y huecas reuniones plenarias y trabajar permanentemente en comisiones. Con respuestas creativas a las ofertas y a las demandas. Para ello hay que conformar equipos interdisciplinarios.

Tiene que existir una nueva Comisión o como se llame, que regule y sistematice nuestras acciones conjuntas en el plano diplomático y político. Que nos ayude a ingresar en esos organismos multilaterales de nuevo cuño, como los BRICS, que servirán para darnos nuevos “aires” internacionales y ubicar nuevas vías de solución a nuestros problemas críticos.

No hacen falta nuevos tratados entre la Argentina y Rusia. Es inconmensurable la cantidad de ellos que existen en los archivos de nuestra Cancillería. Incumplidos o cumplidos en alguna parte… Lo que hace falta es ponerlos en funcionamiento. Con representaciones apropiadas, profesionales e idóneas que no permitan la pérdida de tiempo ni de oportunidades.

Rusia no es la panacea para nuestra crisis. Ya lo dije. Con otros países “alternativos” como China, la India o los países árabes, del Magreb, de Asia Sudoriental, son hoy nuestros objetivos socios en un proceso que debemos cumplir nosotros mismos y que nos tiene que sacar una vez más, como decía Néstor Kirchner, del infierno.


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